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28/5/15

El universo de Fernando Pessoa en Andamio 90. Entrevistamos a Alfredo Martín



“Pessoa, escrito en su nombre”
Escrita y dirigida por Alfredo Martin




Por Roberto Famá Hernández
Miembro de la Asoc. Arg. de Crítica e Investigación teatral

Con “Pessoa, escrito en su nombre” el dramaturgo y director Alfredo Martín nos instala en el complejo y enigmático universo del genial poeta portugués durante sus últimas horas de vida, “habitado, exteriorizado” por sus principales creaciones:

“…para crear, me destruí; tanto me exterioricé dentro de mí, que dentro de mí no existo ya sino exteriormente. Soy el escenario vivo por donde pasan varios actores, representando diversas piezas”  
(Fernando  Pessoa)


A Fernando Pessoa lo “habitaron” sus heterónimos, esos “otros poetas” que él creó, autores ficticios o pseudoautores, a los que Pessoa le atribuía no sólo un nombre propio, sino un estilo determinado en sus obras y a los que trataba como personajes reales con una relación epistolar con y entre ellos y les atribuía toda una biografía,  hasta una carta astral en varios casos, habiendo creado ceca de 70, algunos femeninos. Para ciertos entendidos los heterónimos en Pessoa eran consecuencia de un grave trastorno psiquiátrico y, para otros, en cambio, un recurso literario válido para tratar de poner orden a su anárquico caudal creativo, dándole a cada heterónimo una vertiente, una parte de sí:

“En una gran dispersión unificada estoy, a la vez, en todos ellos y creo y soy, en cada momento de la conversación, una multitud de seres, conscientes o inconscientes, analizados y analíticos, que se congregan en un abanico abierto” 
(Fernando Pessoa)


Sea locura o genialidad, lo único cierto es que la grandeza de Pessoa está en el hondo carácter filosófico, profundamente trágico y poéticamente exquisito de toda su obra y que Alfredo Martín logra recrear perfectamente sobre el escenario de Andamio 90, con una mirada sutilmente humana sobre las últimas horas de vida de Pessoa, internado en el Hospital de San Luis de los Franceses de Lisboa, imaginariamente acompañado por sus principales heterónimos y por Ofelia Queiróz, la única mujer amada por Pessoa, y auxiliado por Isabel, una joven enfermera con mirada de hija y cuidados de madre, cabalmente interpretada por Dolores Perez Demaría.

La composición escenográfica y el diseño de luces de Gonzalo Córdoba son aciertos importantes, imprescindibles para lograr definir una puesta en escena nada fácil, que Alfredo Martín resuelve correctamente; el acceso a esa habitación de hospital es casi laberíntico para los personajes imaginarios, los heterónimos y Ofelia, que aparecen y desaparecen por allí, a foro, en algún afuera, entre cierta mesita de bar de las que Pessoa solía ocupar y que asoma apenas sugerida, perdiéndose en la oscuridad, a una doble altura, mientras que para la enfermera el ingreso y la salida es por público, lo que la diferencia, la vuelve más real, más carnal, más cerca de usted o de mí, de este lado de la vida. 

No falta el “baúl lleno de gente” donde se amontonan casi caóticamente en papeles y más papeles toda la dispersa obra literaria de Pessoa. No hay mesa, la bebida alcohólica que adormecía la existencia real del poeta, está justamente sobre un viejo escritorio de madera que nos habla de ese rincón de la vida gris y rutinaria de oficinista que padeció Pessoa. Una cama austera donde sueña y padece el genio de carne y hueso completa el ambiente.


Es Marcelo Bucossi quien logra una interpretación impecable de Pessoa, se balancea entre la lucidez y el ensueño, entre la ansiedad por transitar la muerte y el aferrarse a la vida, entre el sarcasmo y el escepticismo, con un sentido de verdad escénica, de acierto interpretativo, realmente mayúsculo.
Lorena Szekely logra una composición encantadora de Ofelia Queiróz, esa hermosa jovencita de la burguesía lisboeta que con sólo 19 años enamoró a Pessoa cuando él tenía ya algo más de 30 y que fue el único amor del poeta. 

Szekely aprovecha muy bien cada segundo de escena para mostrarnos esa relación tormentosa, intermitente, que Queiróz y Pessoa vivieron casi sólo epistolarmente, en más de cien cartas y logra equilibrar esa imagen de niña y mujer, ingenua y desmedida a la vez, al colmar de ternura a Pessoa al tiempo de enfrentarse decididamente con el heterónimo Álvaro de Campos que se opone a la relación del poeta con Queiróz.
Leonel Dolara es Álvaro de Campos, el poeta modernista, Mariano Scovenna es Alberto Caeiro, el más famoso de los heterónimos, el gran maestro de todos y Daniel Begino es Ricardo Reis, el más contemplativo de los tres, un poeta monárquico que se gana la vida como médico. Las actuaciones de los tres se ven sólidas y claramente definidas; si usted no conoce aún la obra poética de Pessoa encontrará en ellos un puente, una invitación cordial a recorrerla por los diferentes caminos pessonianos.


Luego de la función tuve el agrado de entrevistar a Alfredo Martín y esto es lo que hablamos:

Alfredo, me regalaste un final de la vida de Pessoa que yo no había pensado; lo imaginaba tortuoso, triste y me regalaste más poesía. ¿Cómo fue que lo ideaste así?

Me parece que Pessoa habita ese lugar de la tristeza, de la saudade que tiene que ver con la nostalgia y la melancolía y lo habita desde un lugar positivo; es decir, se queda allí, en esa zona ambigua y produce poesía con eso -  él y su legión de heterónimos - y entonces me parecía que para él la muerte no es algo trágico, sino un pasaje necesario, un pasaje a otro estadio. Yo lo pensé así en función de todo lo que pude leer de su obra y sobre su vida y de las cartas que él le escribió a Ofelia, la mujer de la que él estaba enamorado y a quien aparentemente abandona sin concretar una relación, para dedicarse a la literatura. Entonces, pensaba que en ese encuentro con sus heterónimos, en un momento tan importante y definitivo como es la inminencia de su fallecimiento, en medio de toda esa charla un poco metafísica, donde arreglan algunas cuentas, en desde donde cada uno dio la vida, me parecía que en medio de esa filosofía - porque Pessoa es un ejemplo de que con la poesía se hace filosofía y que no es un género menor con respecto al ensayo filosófico – que aparezca el cuerpo deseante de Ofelia Queiróz , reclamando un lugar y probando su deseo, una muy buena alquimia, una muy buena mezcla, sobre todo porque uno de los enigmas era como poner todo ese contenido poético dentro de un formato dramático, pero que se sigan escuchando la belleza de los textos.

¿Podemos decir que el heterónimo más parecido a Pessoa es Bernardo Soares?

Sí, es muy interesante lo que decís porque es el más gemelo; es un hombre gris, escribe de noche, un oficinista que pasa desapercibido y que tiene adentro un mundo inmenso, pero vos lo ves pasar y casi ni notas que existe porque forma parte del paisaje más urbano y es de una opacidad, casi al borde de la desaparición y sin embargo, por dentro tiene un mundo de una afectividad y de una riqueza absoluta.

¿Y el más opuesto?

El más opuesto es Álvaro de Campos, pero opuesto en todo, hasta en su sexualidad, se decía que era el único que tenía una preferencia homosexual, entonces me parecía interesante- porque además ocurrió – cruzar a Álvaro de Campos con la pareja de Ofelia y Fernando, armando un triángulo ideal, porque es el alter ego que más confronta, no sólo por elección sexual, sino por el estilo de poesía que escribía, era una especie de dandy, de Oscar Wilde portugués y, según dicen, Ofelia a veces iba a encontrarse con Pessoa y él le decía: - no vino Pessoa, vino Álvaro de Campos, así que voy a aprovechar para decirle unas cuantas cosas de Pessoa, usted lo tiene que dejar – Y Ofelia, en lugar de salir corriendo preguntándose con quién estoy saliendo, se quedaba, escuchaba, y le decía: -  quiero mandarle un mensaje al señor Fernando Pessoa -  De modo que ella aceptaba ese juego triangular, donde los deseos iban y venían en una situación casi melodramática que es un poco lo que se ve hoy aquí en la escena.


¿Por qué elegiste a Pessoa?

Uno de los motivos por los cuales elegí Pessoa – más allá de que me capturó su poesía maravillosa y esta decisión de escribir con el “yo” absolutamente multiplicado y plural es que él padecía un trastorno psiquiátrico y yo, que además de teatrista, soy psicoanalista, nunca he visto una persona que con su padecimiento pudiera hacer la invención que él hizo y legarnos la obra maravillosa que nos legó haciendo un lazo social, porque hoy por hoy lo seguimos leyendo y seguimos hablando de su genio y no de su locura.

Entonces, ¿vos como psicoanalista opinas que el sí padecía un trastorno psiquiátrico que canalizaba mediante su obra?  

De hecho estuvo internado dos veces en una clínica psiquiátrica en Cascai, dicen que por depresión, e incluso el mismo Pessoa que había leído mucho a Freud juega con los diagnósticos, dice que él tenía una histeria neurasténica y que su heterónimo, Antonio Mouras, tenía directamente una paranoia. Hay varios estudios sobre el caso Pessoa, pero me parece que es reducirlo, porque él no está entre nosotros para saber cuál es el caso Pessoa. Él, además de crear sus heterónimos, que él llamaba otros yo, también se llama a si mismo ortónimo, es decir que Fernando Pessoa es también una creación de aquel oficinista oscuro y gris tan parecido a Bernardo Soares.

Es decir que él mismo es ese “baúl lleno de gente” (Un baúl lleno de gente, es el título de un libro de Antonio Tabucchi el gran traductor y analista de la obra de Pessoa a la lengua italiana)

Exactamente. Esa idea del “baúl lleno de gente” de Tabucchi nos gustó mucho y jugamos todos, actores y todo el talentoso equipo, con esa idea y con lo que decía Pessoa que es: - Yo, en lugar de escribir dramas en actos, escribo dramas en gente – porque inventaba a esos heterónimos con vida propia.

Sé que te llevó mucho tiempo crear el texto, pero ¿cómo armaste el elenco y el equipo?

Por suerte teníamos dibujos, bocetos hechos en la época sobre los heterónimos por gente que lo trató a Pessoa y la idea era hacer un casting, y Lorena Szekely es casi idéntica a Ofelia Queiróz y su vestuario, casi de muñequita, tiene que ver con una carta de Pessoa en la que le dice que quisiera que fuese como una de esas muñequitas a las que pueda manejar a su antojo, era un amor muy infantil, muy cursi el de ellos, un amor prefabricado, un amor enamorado del amor.

Entre los papeles dejados por Pessoa se encontraron más de 70 nombres de diferentes heterónimos, y un total inventariado de 27.543 folios —la mayor parte de ellos manuscritos—, los cuales todavía no han sido publicados completamente ni siquiera en Portugal. Usted tiene hoy la oportunidad de ver en el escenario de Andamio 90 una muy lograda mirada sobre ese universo fascinante de la literatura y le sugiero no dejarla pasar.



Ficha técnica artística
Autoría: Alfredo Martín
Actúan: Daniel Begino, Marcelo Bucossi, Leonel Dolara, Dolores Perez Demaria, Mariano Scovenna, Lorena Szekely
Vestuario: Jessica Menendez
Escenografía: Gonzalo Córdova
Iluminación: Gonzalo Córdova
Fotografía: Sol Atta
Diseño gráfico: Gustavo Reverdito
Asistencia de dirección: Cinthia Demarco
Prensa: Silvina Pizarro
Producción: Graciela Gallo

Dirección: Alfredo Martín

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