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30/1/15

Un café con una grande: Miriam Odorico


Miriam Odorico
“Arriba del escenario uno tiene que hacer que la cosa suceda aquí y ahora, es presente puro.”




Por Roberto Famá Hernández
Miembro de la Asoc. Arg. de Invest. y Crítica Teatral

Miriam Odorico es una de las actrices emblemáticas de nuestro teatro independiente. Con “La omisión de la familia Coleman” y “el Viento en un violín” con dirección y autoría de Claudio Tolcachir ha recorrido, como integrante siempre del elenco de Timbre 4, más de 20 países, ha actuado en decenas de festivales internacionales y en infinidad de ciudades, ha hecho en nuestro medio cine y tv, pero sin duda su enorme pasión es el teatro. Verla actuar es un deleite extraordinario y entrevistarla un lujo; compartimos un café poco antes de la función; Odorico tiene la humildad de los grandes, le incomoda hasta el mínimo halago, pero debo decirlo, es dueña de un talento descomunal, es "de raza", como en su tiempo Nelly Láinez, o la Campoy, y usted puede verla ahora en las dos obras más aplaudidas de nuestro teatro independiente, las que ya disfrutaron miles de espectadores en cientos de ciudades. Mientras Ud. va reservando sus entradas yo le cuento lo que hablamos:

Se ha perdido un poco el paradigma de la compañía de teatro estable y nos acostumbramos a la idea de elencos que se arman y se desarman, pero ustedes llevan años trabajando juntos y recuperaron esa “continuidad” ¿Cómo es ser parte de la “Familia Timbre 4”?

Bueno, a mi me convocaron primero para trabajar en “La omisión de la familia Coleman” y luego en “El viento en un violín” pero Timbre 4 es mucho más que esto; es un teatro, es una escuela y muchos de los compañeros que trabajan en estas obras dan clases, así que no se si llamarlo “compañía” porque es mucho más que eso.

Bien, pero ¿cómo es haber hecho más de 2.000 funciones de estas dos obras? ¿Cómo se trabaja en esa continuidad?

La verdad que la posibilidad que te da hacer tantas funciones de un mismo espectáculo es fabulosa porque te permite poder profundizar y aprender, porque mantenerlo “vivo” es la parte más interesante de nuestro oficio, de nuestro trabajo para recrearlo y que parezca fresco en cada función, hacer que no se note que esto lo dijiste 5.000 veces, o que escuchaste a tu compañero otras tantas.

En el trabajo con el compañero logran, en varios pasajes, hablar al mismo tiempo y no “pisarse” es una interacción muy trabajada, ¿tiene que ver con esta continuidad?

Es obra de Claudio Tolcachir, como autor y director, es mérito de él.

¿Cómo es ese pasaje de una sala a otra del Paso la Plaza, pero que significa salir de un personaje y entrar en otro diferente en muy pocos minutos entre una función y otra?

Nos estamos aún acostumbrando, porque nos vamos corriendo por el pasillo y decís: “¡Hu! Me dejé esto allá… lo otro acá” pasar de un camarín a otro, pero nos ayuda mucho el trabajo en equipo; nosotros somos una tropa -por no decir una troupe – y nos llevamos muy bien. Y en cuanto a dejar un personaje y ser otro no es nada mágico, no le pongo ninguna mística, es que es un trabajo que hago con tanto cariño, disfruto tanto a un personaje como al otro que al segundo que asomo al escenario, de una o de otra obra, es el personaje el que está allí.

Ahora, en las dos obras, suceden cosas muy fuertes, patéticas, pero como decía Pirandello: “la gente ríe de las mismas cosas que si las piensa dos veces llora” y en las dos el humor es constante; ¿es una cuestión de ritmo, para que “piensen una vez y no dos”?

Humm… No creo que sea sólo una cuestión de ritmo, pero si tiene mucho que ver con eso. Para el humor hay un tiempo justo, si se pasó ese instante, ya el público no se ríe. Pero también es el “tono”; las dos piezas tienen un tono de humor ácido y de patetismo que toca un resorte que te hace reír, porque es horrible pero resulta graciosa la forma, como cuando alguien se cae y te causa risa.

Hay una escena, por ejemplo, en “el Viento…” donde Dora intenta vestirte mientras hablás por teléfono y muchas actrices caerían en el pasaje de clown, en lo exagerado, amplificando lo que sucede, ustedes no. Eso ¿cómo se ensaya? ¿Cómo se encuentra el punto justo para que cause risa pero sea natural, verosímil?

Eso lo logra el director y nosotros todos sabemos cuál es el color que Claudio quiere y además es cierto que cuando querés que algo  sea más gracioso, no resulta, es hasta donde es.

Luego de tantos años trabajando con las mismas obras, habiendo viajado por más de 20 países ¿te planteaste alguna vez hasta cuándo? ¿Dudaste alguna vez de seguir?

No, mirá, justamente, estábamos haciendo aquí en el Paseo La Plaza “La Omisión….” Y hablamos de la posibilidad de una tercera obra, cuando se presentó el proyecto de hacer también aquí “El viento…” y entonces no darían ahora los tiempos, pero si Claudio lo requiere y puedo yo participar de una tercera obra, buenísimo; amo mucho mis dos obras y disfruto mucho mi trabajo.

Participaste de infinidad de festivales, de giras extensas por más de 20 países, decenas de ciudades con distintas tradiciones teatrales, y habiendo empezado tu carrera en el 75¿mirás hacia atrás y hacés un balance de lo hecho o no acostumbras a mirar por el “espejo retrovisor”?

No, para nada. Quizás sea por esta cuestión que arriba del escenario uno tiene que hacer que la cosa suceda aquí y ahora, es presente puro. Y quizás, un poquito de eso se cuela en la vida y por eso a mí no me resulta mirar hacia atrás.

Un atrás que te ha dado una experiencia muy rica y siendo Timbre 4 también una escuela, llama la atención que no te hayas dado a la docencia teatral, ¿por qué?

¡Ah, mi marido, sobre todo me dice siempre eso! Creo que es parte de esta autoexigencia infinita que tengo. Es una negación, yo me recibí de maestra y me fui a trabajar a la Patagonia y en un momento me dije no es para mí la docencia y se bajó la persiana en ese momento. Ahora, ya más grande a veces me digo, me podría haber dado otra oportunidad pero, es sabido, una exigencia demasiado grande no te permite muchas cosas y soy muy exigente con lo que hago.


Me despido de Miriam y me voy pensando que, aunque ella no se dé cuenta, la persiana de la docencia no se bajó del todo, porque verla sobre un escenario es una clase abierta del mejor teatro. La cita por ahora es en Paseo La Plaza, créame que es para disfrutar de un excelente trabajo.


FUNCIONES PASEO LA PLAZA:

La Omisión de la Familia Coleman:
Viernes 22 Hs
Sábados 20.30 Hs
Domingos: 19.30 Hs

El viento en un violín:
Viernes 20 Hs
Sábados 22.30 Hs
Domingos 21.30 Hs

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