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21/11/14

El PRO contra los centros culturales

La Persecución  Cultural
no se Detiene


Por Roberto Famá Hernández

Miembro de la Asoc. Arg. de Invest. y Crítica Teatral


Es claro que la política cultural del gobierno del PRO en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, entiende al ciudadano como espectador y no como hacedor de la cultura; el ciudadano está para asistir a megarecitales del estilo de “Violetta” o para aplaudir a figuras ya consagradas en las cada vez más precarizadas salas teatrales oficiales, o para ver por Tv a una personalidad destacada de la cultura, como  es el señor Tinelli, que corta polleritas, pero el Gobierno de la Ciudad no entiende al ciudadano de a pié como agente hacedor de la cultura, al macrismo no le importan las necesidades expresivas de la gente; los “vecinos” están para aplaudir, no para hacer.
Es así que cierra las orquestas juveniles, la Escuela Municipal de Arte Dramático está en ruinas, la sala Leopoldo Lugones del San Martín cumple un año cerrada, la sala Alberdi fue desalojada por la Metropolitana y hoy está inactiva, los artistas callejeros son perseguidos y lo que es más grave aún, ha desatado una persecución sistemática contra los centros culturales barriales, escudados en la falta de una reglamentación clara, que regule, proteja y facilite su existencia.
Mientras tanto, la oposición en la Ciudad, parece carecer de reacción ante el atropello macrista. En declaraciones al programa radial “La Década Prensada” el ex jefe de gobierno Aníbal Ibarra calificó la persecución a los centros culturales como paranoica por lo sucedido en Cromañon, pero es mucho peor que eso; es una evidente y sostenida persecución sistematizada que busca deliberadamente clausurar las expresiones culturales populares; evidentemente la gente que piensa y hace cultura son para el PRO, agentes peligrosos para la seguridad pública.
Un caso paradigmático de esta persecución es lo sucedido con el Teatro del Perro de la calle Bonpland, que cuenta una habilitación que le permite recibir hasta 50 espectadores, pues bien, para poder clausurarlo por tercera vez, sumaron a los artistas que se encontraban actuando para superar el número de 50 personas, o dicen que a la puerta de salida le faltan 7 centímetros para ser reglamentaria y así, con multas exorbitantes, que superan los 50 mil pesos, buscan terminar con los centros culturales barriales y pequeños espacios de expresión, amparados en el silencio cómplice de los grandes medios de comunicación masiva y la desidia de la oposición política en la Ciudad.


Desde hace más de dos años que los centros culturales no gubernamentales de Buenos Aires vienen reclamando que se vote una ley que regule las habilitaciones. Se han juntado miles de firmas, pero nada detiene el atropello. Es absolutamente urgente que quienes dicen querer ocupar la jefatura de gobierno o la legislatura a partir del 2015 no esperen hasta entonces para hacer algo contra esta política de destrucción cultural: señores y señoras precandidatos, el tiempo de actuar es ahora.

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