Translate

30/10/14

Pepe Soriano nos cuenta todo sobre LA NONA

“La Nona” en Mar del Plata



Por Roberto Famá Hernández
Miembro de la Asoc. Arg. de Invest. y Crítica Teatral

A sus 85 años Pepe Soriano sabe que aquel que tiene proyectos por hacer no envejece nunca, y se prepara, entonces, para estrenar, en la próxima temporada marplatense, con producción de Carlos Rotemberg, “La Nona” el clásico de su gran amigo Roberto “Tito” Cossa.
Muy probablemente sea “La Nona” la obra de la dramaturgia argentina más representada en el mundo entero y no sólo en castellano, se ha dado en Francia, en Alemania, llegó hasta Armenia y en el 2015 se estrenará en el Teatro Nacional de Escocia. Pero ¿Qué es “La Nona”? ¿Qué significa esta anciana devoradora? Esta pregunta se la hicieron millones de espectadores en todo el mundo; la primera respuesta la dio Carlos Gorostiza, su primer director en teatro, y dijo: “es aquella cosa que a cada uno lo devora” Roberto “Tito” Cossa ha repetido varias veces que él escribió la obra sin buscar que sea una metáfora de algo, que luego se dio cuenta que lo único que no había que hacer con “La Nona” era identificarla y que si para algunos era la muerte, para otros la dictadura, la inflación o lo que fuera, estaba bien.
La obra fue escrita pensando en que la personificara Pepe Soriano en teatro, pero eso no pudo ser hasta ahora y es Pepe Soriano quien nos explica así, esta asignatura pendiente que para él es “La Nona”:

A mí me quedó, de alguna manera, con la historia de “La Nona” una deuda, un poco con Tito y otro poco conmigo. Porque en los años 60, yo trabajaba bastante en Canal 9 y ahí había un grupo de autores que hoy son nombres grabados a fuego en la historia de nuestro teatro; eran Gorostiza, Halac, Rozenmacher, Somigliana, Talesnik y desde luego, Tito Cosa. Era un gran grupo de trabajo y yo los convoqué para escribir el programa de televisión y en esas conversaciones que teníamos en casa, íbamos tirando ideas, me acuerdo que Tito, había planteado un personaje de carnaval, pero  yo le dije: -  ¡¿Por qué no me escribís una vieja?! Pero una vieja, vieja - Y yo no tenía muy claro que era una vieja, vieja…  quería algo así, como que sea tan vieja que fuera más allá de la distinción de si es un hombre o es una mujer. Pero quedó ahí, seguimos hablando de otras cosas y un día Tito apareció con esta maravilla que es “La Nona”  ¡Una obra fenomenal!  y me dice: - vamos a hacerla -  Pero yo estaba comprometido con otras cosas, estaba trabajando y no podía y, claro, muy comprensiblemente, Tito quería estrenar, y fue a parar a manos de un compañero entrañable, con el que he trabajado mucho antes y después y que hoy ya no está, me refiero a Ulises Dumont. Y Ulises estrenó con José María Gutierrez  y con Brandoni, en el Teatro Lasalle. Y pasó el tiempo…  Y fue, por el 80 más o menos, que suena el teléfono, atiendo, y era Atilio Mentasti y con esa voz inconfundible me dice: - Escuchame!  tenemos que hacer “La Nona” – Y era un momento de mucha dificultad, estábamos en dictadura, y estábamos prohibidos  o expulsados del país; yo estaba entre los prohibidos y tenía dos hijos y tenía que ver como subsistía, no podía hacer televisión, pero me había inventado una oportunidad expresiva que era “El loro calabrés” con el que me ayudó al principio Juan Gené, pero a los pocos días Juan se tuvo que ir del país, pero se tuvo que ir así, en 48 horas y yo lo tuve que terminar “surfilado” - como dicen las mujeres – es decir, que lo hice como puede. 
Y debuté al final en Rosario en un sótano y no sabía que podía pasar, el señor que me había contratado no era un hombre de teatro, era un hombre que quería ver como entrar en ese negocio y bueno, llenamos el pequeño teatro y sin luces, sin nada, una guitarra, un pan y nada más… Y cuando fui a repartir el pan entre el público, ahí vino el fenómeno, en primera fila había un señor muy bien vestido, y cuando yo me acerqué y le di el pedazo de pan, se puso a llorar como un chico, pero en verdad como un chico, con un llanto, con una congoja terrible, entonces el empresario me dijo: - esto tiene que andar muy bien, porque la gente lo recibe muy bien. – Y así hice montones de pueblos en Santa Fé y en Córdoba y las críticas fueron muy buenas y fue en esa realidad que me llama Mentasti y me dice: - hay mucha  presión por los derechos humanos del exterior y aflojan la mano, y a uno que le aflojan la mano es a vos, hay seis meses para hacer “La Nona” – Bueno ya!- le dije. Y Ahí aparecimos con una película que hoy es parte de la historia del cine argentino, porque por esa risa que provoca esta vieja devoradora, la gente se iba del cine pensando cosas y no puedo decir bien que cosas, cada uno pensaba en lo que veía, por la gran sabiduría de Tito, que dejó un final abierto, para no obviar con la obra el pensamiento del público. La gente se iba pensando en su propio caso y en cada uno siempre había alguien que se había comido parte de su realidad y esa fue la creación de esta maravilla que es Tito Cossa.

Y bueno, llevamos tantos años en este oficio, que nos quedaba pendiente el placer de hacer “La Nona” en teatro como lo habíamos pensado, y no es aspirando al éxito, sino es por el placer que da hacerla, noche a noche, si no es así es pan amargo y el teatro no puede ser pan amargo, tiene que tener alegría, si nosotros ya sabemos de antemano, que no vamos a terminar nuestras vidas viviendo en grandes mansiones, ya lo sabemos! ¿Dónde está, entonces, la alegría? en hacer lo que nos gusta y en este caso es para mí una alegría enorme hacer “La Nona” en teatro y allá vamos. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario