Translate

10/8/14

Alejandra Darín: "la obra no es una respuesta; al contrario, es una pregunta"


TIERRA DEL FUEGO
Una genialidad dramática 
con eje en el conflicto palestino-israelí.



Por Roberto Famá Hernández
Miembro de la Asoc. Arg. de Invest. y Crítica Teatral

Difícilmente exista otro dramaturgo capaz de escenificar las relaciones entre israelíes y palestinos de manera más valiente, humana e íntima que Mario Diament a través de su obra “Tierra el Fuego.” Es una genialidad dramática que, como tal, tiene diversas capas de lectura; nos habla de las contradicciones propias del ser humano, nos hace preguntas difíciles de responder sobre el significado del perdón y del odio, nos pregunta cuanto tiene de inevitable la violencia, nos interpela acerca de la posibilidad de la reconciliación entre palestinos e israelíes, y al mismo tiempo nos equidista entre un nosotros y un ellos tan inclusivos como excluyentes, porque nadie tiene la razón cuando todos la tienen.
Hubo hechos reales ocurridos en Londres, en 1978, que inspiraron a Mario Diament: Ocurrió que cuando la tripulación israelí de la compañía El Al desciende del micro que desde el aeropuerto Heathrow los llevó a las puertas del Hotel Europa en Londres, la azafata Yulie Cohen Gerstel  mira con desconfianza a dos hombres de aspecto árabe con bolsos. Alerta a sus acompañantes, pero  en ese mismo instante, los hombres abren fuego con ametralladoras. Muere una azafata, amiga de Yulie. Hay decenas de heridos. Muere también uno de los palestinos y el otro, Fahad Mihyi, es capturado por la policía. Pasan veintidós años y Yulie Cohen Gerstel , que milita en organizaciones por la paz, visita en la cárcel a Mihyi, quien cumple cadena perpetua en Londres.




 Allí, en ese encuentro entre la azafata y su atacante veintidós años después de la agresión, inicia su historia “Tierra del Fuego” con la impecable puesta y dirección de Daniel Marcove.
 Con enorme solvencia Alejandra Darín es Yael, la ex azafata que sin tener muy claro sus motivos busca encontrarse con Hassan, su agresor. Un trabajo interpretativo de Darín de una excelencia mayúscula, son casi dos horas con la emoción fluyendo en cada palabra, en cada silencio y en su justa medida, sin resultar desbordante ni falseada, resolviendo transiciones bruscas de situaciones, tiempos y espacios, acompañada por un elenco ideal, que sólo mantiene escenas a solas con ella: Hassan es interpretado por el actor y director Carlo Argento, de acabado trabajo, oscilando el péndulo de su personaje entre la razón y la sinrazón del odio, encerrado de por vida en una cárcel de Londres y en su propia celda interior, preso del arrepentimiento sin perdón. 

Miguel Jordán es Dan, el padre de ella, le toca entonces, la difícil escena en que debe justificar ante su hija el derecho a la tierra y a la violencia y Jordán demuestra de que manera, con que respiración, con que aplomo, debe interpretarse un texto tan consistente desde lo conceptual y desde lo emotivo. A Elena Petraglia le corresponde el sólido personaje de Gueula, la madre de la azafata fallecida en aquel atentado y nos hace pensar si el perdón no es a veces traición, y lo logra porque Petraglia impone su presencia escénica, contundente y conmovedora a la vez. A Ricardo Merkin, actor de sobrada experiencia, le corresponde interpretar a Ilan, el marido que no puede acompañarla, que se resiste, que la enfrenta, el que baja los brazos, en dos escenas que son un dueto palabra a palabra, gesto a gesto, mirada a mirada, con una Darín que le redobla la apuesta y las dos escenas resultan perfectas, nos muestran la enorme soledad en la que queda quien quiere autenticarse ante su conciencia y la desnudez de quien no puede. Es Juan Carlos Ricci quien interpreta al señor Wayld, el abogado defensor de Hassan, que se mueve entre la desconfianza y la persuasión hacia Yael, buscando la libertad condicional de su defendido, enfrentándola a sus propias contradicciones, es quien debe poner a la protagonista al límite de sus indecisiones para lograr que se decida.



Con Alejandra Darín hablamos luego de la función sobre este fenómeno de nuestra cartelera, esto le preguntamos y esto nos dijo:

Cuando una obra se mantiene exitosamente en cartel durante dos años es porque resulta socialmente necesaria, pero con el agravamiento del conflicto palestino- israelí pareciera que ahora hay una urgencia por verla; ¿cómo ves la reacción del público en estas últimas funciones?

Yo creo que la obra no es una respuesta; al contrario, es una pregunta y la gente está viniendo quizás con un poco más de ansiedad, porque ante la barbaridad, las personas tratamos de entender, y quizás sea por eso que estos fines de semana las entradas se agotan antes y si siempre nos fue muy bien, ahora yo creo que hay una necesidad de entender y tiene que ver con que la gente sabe que la verdad de las cosas no son de una sola manera; que todo depende de quién lo mire.

Vos vivís este personaje dos veces por semana, luego al llegar a tu casa, las noticias, las imágenes terribles, la realidad te devuelven de alguna manera al tema; ¿es más difícil ante esta realidad alejarse del personaje?

No, no, no es así. Cuando empezamos con la obra hace dos años la cosa no estaba mejor que ahora, lo que pasa es que se extremaron algunas cosas, pero por otro lado, esto no teníamos que haberlo permitido nunca. Me encantaría que, en ese sentido, Tierra del Fuego no hubiese existido nunca como obra. La gente está muy preocupada, que si son los palestinos, que si son los israelíes, que cómo empezó, y la mayoría de la gente no sabe, porque es un conflicto muy viejo y enquilombado, más allá de que hay un cosa cierta y concreta, que es la ocupación de esas tierras donde vivían los palestinos, el sufrimiento es de ambos lados y si bien puede haber descerebrados que festejen las bajas de unos u otros, la gente bien parida está muy triste.

Si bien la temática de la obra es el conflicto palestino-israelí, de lo que se está hablando es de la esencia del ser humano y sus contradicciones, ¿no?

Sí, totalmente, eso es así. Esto mismo se ve muy bien en toda nuestra sociedad. Hay muy poca gente que tiene la claridad de ver un poco más allá y de correrse un poco de su propia historia, de su propio dolor, porque, obviamente, cuando alguien te hiere, vos lo que vas a querer es justicia, pero que esa justicia no sea injusta, que no sea venganza, que si alguien cometió un delito y sumió tu vida en un dolor indescriptible, que nadie que no lo viva lo puede llegar a entender, que te puedas sobreponer a todo eso y puedas tratar de cambiar las cosas para que no vuelva a suceder.

Hay un parlamento tuyo en la obra que me quedó rebotando en la cabeza, que te pido me repitas para cerrar la nota, que dice que la gente está más cómoda en el odio.


Sí, es muy bueno ese momento: Él le pregunta si sigue trabajando por la paz y ella le dice que sí, que ahora más que nunca, aunque cada vez somos menos y dice: “¿Vos te diste cuenta? La gente parece sentirse más cómoda en el odio. Debe ser porque sospechan que el amor puede traicionarlos; en cambio el odio no traiciona.”

Ficha Técnica y Artística:

Autor: Mario Diament
Elenco: Alejandra Darín, Carlo Argento, Ricardo Merkin, Juan Carlos Ricci, Elena Petraglia y Miguel Jordán
Escenografía: Tito Egurza
Vestuario: Daniela Taiana
Música Original: Sergio Vainikoff
Fotos: Gianni Mestichelli
Diseño gráfico: Pedro Florez
Prensa: Simkin&Franco
Producción: Georgina Rey y Martín García
Asistencia de Dirección: Iardena Stilman
Dirección: Daniel Marcove


Espacio Publicitario:


No hay comentarios:

Publicar un comentario