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28/6/14

Un café con Victoria Grigera Dupuy la actriz que recorre el país con sus monólogos de humor político

Vicky G es “Montonerísima”




Por Roberto Famá Hernández
Miembro de las Asoc. Arg. de Invest. y Crítica Teatral

Victoria Grigera Dupuy  es “Vicky G.”  la “Montonerísima,”  la actriz que ya recorre todo el país con sus monólogos políticos en formato de Stand Up. Ella lo llama “Humor Delivery” actúa en todos lados: unidades básicas, centros culturales, teatros, festivales, y siempre cosecha los mejores aplausos.  Ella sorprende, reparte risas, emociones y con su humor corrosivo abre debate. Con “Vicky G.” tomamos un café en “El Revolucionario” y esto es lo que hablamos:

A tus 8 años, tu mamá era responsable de prensa en el viejo Parakultural de la calle Venezuela, y vos tenías cerca, muy cerca, a las “Gambas al Ajillo” a Batato Barea, Tortonese, Urdapilleta… ¿Qué hay en tu arte, de aquel humor rupturista de los primeros años de democracia?

Hay bastante. Si bien yo hago humor político tiene mucho de esa cosa del desparpajo, de romper “la cuarta pared” de incorporar la realidad, desencartonar, tiene mucho de eso, porque me formé allí, para mí el Parakultural fue mi escuela y la primera vez que hice algo teatral, fue a mis 15 años en el segundo Parakultural de la calle Chacabuco.

Vos sos querellante en la “Causa Esma” por el asesinato de tu papá y tengo entendido que, fue asistiendo a declarar, que escribiste las primeras líneas del monólogo político. ¿Qué pasó allí? ¿Qué pariste?

En realidad yo humor político ya iba poniendo en mis espectáculos; yo hice Teatro por la Identidad, ya estaba bastante acostumbrada a meter cosas de humor político, pero el show que hoy hago, que es “Montonerísima” nace con eso, yendo a las audiencias, lugar que a mí no me gusta ir, es una cuestión personal, respeto al que va y escucha todas las declaraciones, porque tardamos muchísimos años para lograr esos juicios, pero yo, personalmente, prefiero evitar ir, pero tuve que hacerlo, no podía no ir, pero me hacía tan mal, era tan espantoso verles las caras, que cuando iba a un cuarto intermedio, o a fumar un cigarrillo, iba anotando como ideas y cosas sueltas y pensé hacer un show, algún día, que se llame “Montonerísima” Asi que sí, fue ahí que empecé con esas cosas sueltas.

Tu humor político, de alguna manera, refresca, desencartona el discurso de los organismos de derechos humanos, pero ¿alguien, alguna vez te ha dicho: “No, pará, porque vos estás banalizando un tema demasiado importante”? ¿Recibiste quejas en ese aspecto?

Muy poco. Casos muy puntuales, pero igual me dejaron muy impactada, porque es cualitativo,  porque es gente que yo respeto mucho. Por lo general, la gente se divierte y le parece muy original que tome con desfachatez ser hija de montoneros, lo que fue la “montoniñez” y todo eso; la mayoría de las devoluciones es “estoy impactado” después hay muchos que lo festejan, que dicen que bueno poder verlo de esta manera y hay también gente que no lo cree; porque yo voy mucho al interior del país e incluso al interior de Buenos Aires, donde mucha gente que me viene a ver no es militante orgánica, por lo general, personas que no son contemporáneos a mí, ni a la generación de mis padres,  y preguntan a los organizadores si es verdad lo que dice esta chica, o es pura  creatividad, porque no lo terminan de creer. Y tengo alguna queja puntual, de gente que fue militante de alto rango en los 70, con las que tengo una relación de afecto, que me han dicho: “te quiero mucho, pero tu humor me parece espantoso” Y bueno, no lo pueden tomar con humor.

¿Y, cómo es hacer “Humor Delivery”?

A mí me convocan de Unidos y Organizados, de Kolina, de ONG, de Centros Culturales, de todo el país y eso es hacer Humor Delivery, voy donde me llaman.

Pero, ¿vos sos consciente que ya, en tu carrera, estás cambiando el aire, que empezaste en el off del off y ahora tu trabajo ya ha trascendido?

Sí, me da un poco de miedo, pero sí, ahora, entré en una etapa, que es como que se jerarquizó, porque yo iba con el esfuerzo de compañeros que me pagaban el pasaje en micro y pasaba la gorra, ahora me llaman de secretarías de cultura de provincias. No es que no sea importante que me llamen de una unidad básica; es el mismo show, y lo hago con todo el corazón, pero es como que tiene otro rango que me convoquen de organismos oficiales, de hecho estuve en Paraná, Entre Ríos para el 24 de marzo y eso es fuerte y ahora voy a estar en el Museo de la Memoria del Chaco.

¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Te impones la disciplina de ponerte a escribir con el diario al lado y lo cumplís?

No, no, eso no. No tengo esa cosa metódica de ponerme a escribir de 9 a 18, pero es al revés, estoy las 24 horas pensando, todo el tiempo está la mente en el guión, rearmando, reestructurando el show, por ejemplo hoy que probamos luces y sonido para el show del sábado, estoy pensando como incorporar cosas del lugar para inventar algo nuevo; después lo bajo; ahí sí, la parte metódica, pero trabajar, trabajo todo el día.

Ahora se están haciendo varias cosas relacionadas con los 70, hay mucha gente que antes no hablaba y ahora habla. ¿Te enoja que alguna gente que hace algunos años no te saludaba hoy te diga: “Che, que grande tu viejo”?

Mirá, lo que vos estás describiendo, sucede. No el sentimiento, sucede y yo me río también un poco de eso. Después del 2004, de que Néstor bajó los cuadros, un símbolo enorme, uno pasó de ser muy marginal – y cuando digo “uno” digo todos nosotros: hijos, madres, abuelas y todos quienes resistimos – éramos los nostálgicos y de pronto pasamos a estar legitimados desde la Casa Rosada y eso bajó al llano. Yo me quedo sorprendida, porque nunca me hubiese imaginado este cambio que generó esto que vos describías. Hace mucho tiempo estaba haciendo una obra para “Teatro x la Identidad” y como a mi papá, médico, lo secuestran en un hospital, me espera a la salida del teatro una señora muy mayor, pero muy coqueta, con bastón y me dice: Victoria, yo le leí en el diario y quise venir, a pesar de que estoy grande, porque el día que secuestraron a tu papá, mi marido estaba internado y por el operativo militar en todo el hospital, por la angustia, tuvo un infarto y se complicó mucho por culpa de ese montonero – vos pensá, una patota de la ESMA irrumpiendo en guardia –y me dice también que ella había quedado toda la vida muy resentida, y luego me dice, eso lo pensé desde el 77, pero este último tiempo al ver tu nota en el diario, me di cuenta que mi marido fue una víctima más de los militares.


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