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29/6/14

El Paganini Negro que no recuerda Buenos Aires

BRINDIS DE SALA 
Morir en Buenos Aires

Brindis de Salas

A fines de junio de 1889, se presenta en el Teatro Onrubia, (ubicado en la esquina sudeste de San José y Victoria - hoy Hipólito Yrigoyen) un violinista excepcional, es Claudio José Domingo Brindis de Salas y Garrido, “el rey de las octavas”, “el Paganini  negro” el violinista excepcional que tiene ya los oídos acostumbrados al aplauso de los teatros y salones más exigentes del mundo, cosecha fama y dinero en Europa y América, y que a lo largo de su vida sumará a la condecoración de Francia las que le otorgaron los reyes de España e Italia, Austria y Portugal. El emperador de Alemania, sin ir más lejos, le concede los títulos de Caballero de Brindis y Barón de Salas. Habla seis o siete idiomas y se presenta en escena con un Stradivarius auténtico. Alterna con Bartolomé Mitre cuando viene a la  Argentina, y con el general Porfirio Díaz, en México, y es profesor de música de la familia del monarca alemán.

Doce años después, quiso volver a nuestra ciudad cuando su vida ya era otra muy distinta. Fue un policía, el 1 de Junio de 1911, quien lo encontró agonizante sobre la vereda de un restaurant del Paseo de Julio (hoy Alem) y Av. Córdoba, (zona brava de malevaje para esa época)  donde había sido arrojado violentamente por no tener dinero para pagar lo consumido.   
Cuando lo desnudan en un hospital de la asistencia pública, le encuentran, bajo la ropa mugrienta, un corset de seda, vestigio de sus días de Don Juan, y en los bolsillos el pasaporte alemán y el recibo de la casa de empeños en la que por diez pesos dejó su Stradivarius que costaba más de 100.000.


Brindis de Salas Garrido en el depósito de cadáveres de la Asistencia Pública 
Junio 2 de 1911
La Revista Cartas y Caretas de Julio 1911, describe así la muerte de Brindis: “La historia de este lírico bohemio parece un cuento, sin embargo es cierto. El 2 de junio murió en nuestra ciudad. Había vuelto de Europa en el vapor Satrústegui  ¿A qué vino?, se ignora. Después de haber sido millonario, después de haber vivido la vida de un monarca, después de haber hecho temblar el corazón de las mujeres, después de haber paseado por el mundo su alma que era un violín, después de tanto amor, de tanto fuego, de tanto sol, de tanta melodía, de tanta gloria y laurel, cayó al fin destrozado. Viejo, pobre, sucio, negro, tísico y solo... ¡solo! ¡Solito! Ni siquiera tuvo en el momento de morir el consuelo de abrazar el violín que lo hizo célebre.”

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