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30/5/14

Los Actores y la responsabilidad social

Por favor, kamikazes sociales, abstenerse.
Por Roberto Famá Hernández



Ubiquémonos por un momento en diciembre de 1945: Se decide como fecha de elecciones presidenciales el 24 de febrero de 1946, es decir que para los argentinos será un verano cubierto por una ardorosa campaña electoral con altos niveles de discusión política y  enfrentamientos muchas veces violentos, en todos los estamentos sociales.
Pero en el mundo teatral esas discusiones fueron más evidentes y públicas por sus propia naturaleza; desde las Asociación Argentina de Actores y otras entidades como la Federación Argentina de Espectáculos Públicos, o Argentores (Asociación Argentina de Autores)  se debatió hacia adentro y hacia fuera de las entidades, había intereses opuestos, por cuotas de poder dentro de las entidades, por privilegios empresariales o por derechos laborales o de autor.
Muchas figuras del medio, como Hugo del Carril, Pedro Quartucci  o Tita Merello, se pronunciaron a favor del Partido Laborista que promovía la candidatura del Coronel Perón. Pero no fueron menos los que conformaron la "Agrupación de Actores Democráticos" dirigida por Lidia Lamaison, Pacual Nacaratti y otros que apoyaron a la denominada "Unión Democrática" una ecléctica coalición opuesta a Perón.
Luego del 24 de febrero con el aplastante triunfo de Perón, los enfrentamientos lejos de aplacarse se agudizaron. Principia marzo y  Pedro Quartucci es agredido físicamente a la salida del teatro por un grupo de antiperonistas y en el Teatro Smart, que regenteaba para ese entonces Alberto Ballerini, esposo de Blanca Podestá, se estrena la obra "Fascinación" del dramaturgo inglés Keith Winter y que protagonizan Luisa Vehil y Miguel Faust Rocha, junto a Milagros de la Vega, María Rosa Gallo, Maurice Jouvet y Bernardo Perrone.
Luisa Vehil y María Rosa Gallo habían apoyado abiertamente a la Unión Democrática. Un atentado con bombas de alquitrán sobre el frente del teatro, un fallido intento de detener a gritos la función y la rotura de algunos cristales que causó heridas leves a dos mujeres, fueron el inicio de una etapa de intolerancia de ambas partes, que alejaría primero a unos y luego de 1955 a otros de los escenarios.
Perder, perdió el país, perdimos todos, nuestro teatro se vio amputado, porque muchas de sus mejores figuras sufrieron persecución y exilio de uno y otro lado.
Hoy, 68 años después, pareciera ser que algunos agentes culturales, han olvidado este pasado de odios y enfrentamientos y quieren reeditarlo. Y nos son pocos; diría que ya son demasiados los que han perdido por completo el sentido de responsabilidad social que todo agente cultural debe preservar, y a las nefastas declaraciones de Adrian Suar, se suman ahora las dementes proclamas de escraches de Alfredo Casero y ni hablar del patético bidón de nafta sobre el escenario de los Martín Fierro.
No es admisible que pensar diferente sea sinónimo de enemigo, de cipayo vendepatria o de corrupto o imbécil; no es con descalificaciones de este tenor como se debaten las ideas, como se piensa un país. Es así como se suicidan las sociedades; cuando se desmiembran, cuando se violentan.
Los argentinos todos somos ética, moral y socialmente responsables de lo que nos sucede, hay mayores y menores responsabilidades, según la posición que cada cual ocupe en determinada situación dada, y la responsabilidad social de los agentes culturales, sean artistas, periodistas, intelectuales, docentes, y demás, es mayúscula, porque es sobre ellos donde anida el sentido común, donde se expresan las ideas, donde se espeja la sociedad toda.

Un poco de prudencia, más humildad, oídos atentos y muchísima responsabilidad, se necesita con urgencia. Por favor, kamikazes sociales, abstenerse.  

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