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26/5/14

Hoy tomamos un café con María Fiorentino

María Fiorentino; 

yo aprendí a leer y a escribir en un sindicato

Por Roberto Famá Hernández
Miembro de la Asoc. Arg. de Crítica e Invest. Teatral



María Fiorentino es una actriz con éxitos enormes en teatro, cine, televisión, ha escrito para la revista “Humor” entre otras, también ha editado un libro,  se reivindica como peronista y además dedica mucho de su tiempo a SAGAI. Compartimos un café con ella  y esto hablamos:

¿Qué es SAGAI y cuál es su función?

Nosotros somos, a la Asociación Argentina de Actores, los que SADAIC es al Sindicato de Músicos, somos una sociedad de autogestión que protege, reclama, recauda y distribuye los derechos de imagen, de propiedad intelectual, de  actores y bailarines y existimos gracias a que después de setenta y pico de años de lucha, Néstor Kirchner firmó el decreto 1914 en el 2006.

¿Cómo  hacen para ver que se pasa en cada canal, para controlar todo lo emitido en todos los medios, que es mucho?

Mirá, hay una situación muy simpática que se ha producido y es que para estar visionando, 7, 8 horas diarias, tenés que ser muy joven y están los visionadores, los tenemos, pero ocurrió que una vez fui a buscar algo donde están ellos y uno me preguntó que buscaba, le dije y me pregunta quién era yo, entonces pensé: este chico no me reconoce porque cuando yo hice Gasoleros, Pelito, Montecristo, Vidas Robadas o más atrás aún, él no miraba esa televisión. Ahí entendimos que había un problema con los visionadores: Primero, que hay actores que ellos no reconocen y en segundo lugar, que los canales cortan los créditos, los repartos, y ellos no saben quién es quién. Entonces, lo planteamos en asamblea y un actor muy mayor, planteó armar una comisión de visionadores mayores, y ¿quiénes se ofrecen? Y empezaron a levantar la mano y se sumaron y fue maravilloso, para ellos y para nosotros, porque ellos tomaron real conciencia del enorme trabajo que se produce ahí adentro. Armamos un salón grande con una pantalla y ellos le van diciendo a los jóvenes este es fulano, esta es mengana y es maravilloso también para ellos, porque además de que cobran un viático, es un volver a vivir.

Digamos que vos nunca fuiste, lo que se dice políticamente correcta, le retrucaste una vez a Fidel desde tu condición de peronista.

Ah, sí, estábamos ahí, en el Palacio de la Revolución, creo que era, y estaba Wole Soyinka que había ganado el premio Nobel, y Gabo García Márquez, y estaba el ministro de cultura de Cuba, fue en el 86 o en el 87 más o menos, éramos muy pocos invitados, yo estaba con Batato Barea, Marta González, creo que estaba el hijo de Gené, no me acuerdo bien y ahí, un poco lejos estaba Fidel, con su uniforme de fajina, y lo condecora a Soyinka. Fidel hablaba en español, una traductora le explicaba a Soyinka. Y pasaba que, en ese tiempo, los españoles lo criticaban mucho a Fidel, porque él decía que era un indígena cubano, y los españoles le decían que no, que él era un renegado de su origen español y todo eso... Y Fidel dijo, “yo soy indio por convicción, no como los argentinos que necesitaron de una guerra de Malvinas para saber que eran latinoamericanos” y a mi me salió del fondo de mi corazón y dije en voz bien alta: - ¡No, Comandante, eso no es así! – se hizo un silencio... Yo me escuché decirlo, te juro que me escuché y me quedé. Fidel se dio vuelta y dijo: -¿Quién habló? - Y yo levanté un poco la mano y dije: - Yo, Comandante... Fidel me miró y dijo: - Ah, la argentina! Ven acá...-  Yo me acerqué despacio... Me puso la mano sobre el hombro y que tonta, porque recuerdo esa mano pecosa, porque ya era un hombre grande y recuerdo que tenía un poco de caspa sobre el hombro y me causa una gran ternura, te juro... Yo estaba temblando, casi llorando y él me dice: - ¿Y cómo es eso?-  Y le dije: - Yo y muchos sabemos que somos latinoamericanos, y nos reconocemos latinoamericanos. – Ah, pero, sí, si tú eres india y latinoamericana... – y abrazándome más le dice a Soyinka – Mire, mire, que linda india latinoamericana y argentina tenemos aquí.-  Y yo  dije fuerte: ¡Argentina y peronista, Comandante! Y él, me dijo: - ¡De eso hablaremos después!


Claro, si lo hiciste con Fidel como no le ibas a contestar también a la señora de los almuerzos.  ¿Hay que ir a esos programas?



A Mirtha Legrand le contesté varias veces en mi vida, por suerte, con altura siempre. Yo esta vez no iba a ir al programa, pero había filmado una película y tuve que ir, porque no me parece que alguien que ha filmado, se niegue a concurrir. Yo me enteré de toda la repercusión que tuvo después, porque salí del programa y me fui a buscar a una amiga, muy amiga mía que venía de Córdoba. Pero yo ya sabía que ella por algún lado me iba a pegar, que es una gorila insigne que me iba a buscar, y lo hablé antes con esta amiga que me dijo: - vos tenés que estar centrada -  y cuando veo que va un corte y que faltaban pocos minutos para terminar el programa, pensé ¡huy, que suerte! Pero ahí vino. Le miraba la cara a Francella y estaba tan preocupado, pobre, por lo que yo iba a decir, porque nos conocemos tanto de hace mucho... Y bueno, no sé de dónde salió lo que dije. Pero, otra amiga que vio 6,7,8, me dijo que escuchó a un politólogo decir que había que ir a esos programas y contestar como lo había hecho María Fiorentino, así que sí, hoy creo que hay que ir a esos programas y tratar de contestar sin perder el eje, porque si yo contesto como siento, le hago un flaco favor a lo que quiero defender.

¿De dónde viene tu militancia? Cuando fue que te pensaste y te dijiste yo soy peronista?


Yo aprendí a leer y a escribir en un sindicato. Soy hija de obrera y de empleado del Swift de Rosario y me acuerdo cuando yo era chiquita y mi viejo iba a hacer los cursos de dirigente gremial, primero en el sindicato de la carne. Después fue síndico general de su sindicato acá y tuvo un ACV siendo muy joven y la única propiedad que se compraron mis viejos, fue por el Banco Hipotecario Nacional y ese es mi orgullo. Mi viejo me llevaba los sábados a la mañana al sindicato, porque durante la semana trabajaba en el frigorífico, y era el momento que teníamos para compartir él y yo, y mi viejo me enseñaba a leer con las tiras que salían en un diario y en el sindicato había una biblioteca hermosa, de mármol y roble, que espero siga estando, donde estaba “El tesoro de la juventud” y me leía “La razón de mi vida” Así fue.

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