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6/4/14

Yepeto; la partida de nacimiento de un clásico


15 de Octubre de 1987
se estrena Yepeto

Roberto "Tito" Cossa, el padre de la criatura
El año 1987 en Argentina no fue fácil, ni en lo económico ni en lo político: por ahí andaban ciertos personajes de aquel tiempo; don Juan Sourrouille buscando refinanciamiento para la eterna deuda externa, Aldo Rico y sus sediciosos “Caras Pintadas” buscando impunidad para los criminales de la dictadura, como Antonio Bussi y el destituido capitán Alfredo Astiz, mientras, vaya a saberse quienes, mutilaban el cadáver de Perón en el cementerio de la Chacarita. Y en medio de tanto naufragio fue la cultura, una vez más, la balsa a la que había que aferrarse para salvar un poco de humanidad.

“Yepeto” estalló con un éxito enorme desde el 15 de octubre y volvió Roberto "Tito" Cossa a romper ese nefasto mito que dice “que el pueblo no puede tener acceso al arte por una especie de incapacidad intrínseca y que no se halla interesado en la cultura”
Escribió Soriano, entonces en Página/12 sobre el estreno de Yepeto: . “Va a despertar otra vez la pasión por el teatro argentino”, Y vaya si la despertó; cinco años en cartel y giras por el país y el exterior.
La pieza de mi colección que hoy publico es el programa de mano de aquel estreno en el Lorange, de modo que es algo así, como la partida de nacimiento de un clásico.








SÍNTESIS ARGUMENTAL
Yepeto, nos muestra la historia del enfrentamiento entre un profesor, escritor y docente cincuentón y un joven atleta, que quiere recuperar a su novia, una estudiante de literatura de apenas 17 años, que se siente atraída por su profesor, quien representa al adversario intelectual del personaje del atleta.  El profesor y el joven, en un breve lapso de tiempo, se encuentran varias veces: primero el joven lo visita para hacerle groseros y amenazantes reclamos porque cree que ha seducido a su amada, una estudiante, que sigue entusiasmada los cursos del profesor-escritor. El personaje de Ulises Dumont toma el asunto con mucho humor y le contesta demostrando un ingenio ágil y una punzante ironía y pretende dar a entender, con humor y brillantez, que no hay más que una relación platónica de maestro a discípula.  Poco a poco el estudiante va descubriendo el mundo del profesor y vuelve regularmente a visitarlo, cada vez más interesado por lo que comienza a vislumbrar. El profesor le habla de literatura y del amor en tono sarcástico y se burla de sí mismo.
(PROFESOR : Las jóvenes también me rompen las pelotas. Sólo que con las lindas soy más tolerante. La vez pasada vino a verme una ex alumna... Hermosa mujer... Un poco vieja... Veintisiete años...  Bueno... estábamos en la cama, a punto ya de... Y no va y me dice: "Quiero recorrer la geografía de tu piel". (EXPLOTA) ¡Ah, no! ¡Cursilerías, no! ¡No pude! ¡La eché! Y estaba muy buena. Pero si la dejaba me iba a decir: "penétrame", "hazme tuya", "correteemos desnudos por las verdes colinas de Yonshire". ¡Un disparate!)
Y tendría que haberme dado cuenta. ¡Pero soy un pelotudo! Porque me trajo un cuento... ¡No sabés! (FALSAMENTE LLOROSO) ¡Cómo se puede escribir "cual la salida del sol"! ¡"Cual la salida del sol"! Se lo dije: "Es como vender choripanes en la Capilla Sixtina mientras tocan `El Mesías' de Haëndel".

Luego las confidencias sobre Cecilia, la amada del estudiante, se harán cada vez más íntimas, sobre todo por parte del estudiante, y éste comienza a hacer tímidos ensayos en el campo de la poesía, atiende solícito al profesor y llega un momento en que la relación entre los dos parece más importante y afectiva que con Cecilia. Incluso hay un momento en que el profesor se confiesa que tal vez quiere más al estudiante que a la muchacha. Sin embargo, finalmente la relación del estudiante con Cecilia se hace efectiva y el profesor, otra vez solo, se sienta a escribir sobre el incidente, despide al estudiante, se lamenta por los amores fracasados y, medio en broma, maldice a la literatura que le hace perder la verdadera vida y el amor
Imagen de 2,50 mts x 3 mts, diseñada por Hugo Ailup, para la marquesina del teatro 

EL DESNUDO DE GRANDINETTI EN ESTA OBRA:
La escena del desnudo fue interpretada de manera artística y sin ofender en ningún momento a los espectadores, no obstante, sobre este tema, quiero reproducir aquí una respuesta inteligente de Grandinetti a una repetida pregunta estúpida de cierta crítica teatral:
P -La fama te llegó a fines de los 80, con la obra Yepeto y tu desnudo dio que hablar.
G –Puede ser, esa estupidez? sí, esas cosas a las que se les da más valor que…  Mirá, la hicimos tres años, hice 600 y pico de funciones, dejé y se siguió haciendo con Gustavo Luppi. Era la obra de Roberto Cossa, era el trabajo de Ulises Dumont que era extraordinario, era la dirección de Omar Grasso, y reducir, minimizar todo al desnudo me da pena. Es la expresión de una mediocridad bastante acentuada.
P -Pero las mujeres y los envidiosos se acercaban al teatro sólo para verte. De alguna manera, te sirvió para que se levantara bastante polvareda con vos
G –No sé si me sirvió o no, lo que sí me sirvió fue hacer esa obra con esos compañeros.Me sirvió muchísimo, aprendía todos los días. En Italia, en España, donde la hicimos, decían "vayan a ver esa obra"; en cambio, cuatro pelotudos de acá decían "vayan a ver el desnudo". Lo de siempre

FICHA TÉCNICA
Elenco:
  • Ulises Dumont
  • Darío Grandinetti
  • Gabriela Flores


Dirección: Omar Grasso (1)
Asistente de dirección: Tito Otero
Escenografía y vestuario: Marcela Polischer
Música: Jorge Valcarcel (2)


 Ulises Dumont
“Uno sabe que alguna vez tendrá que agarrar un fierro caliente, pero antes de que eso ocurra, también yo armaría mis valijas, simplemente para protegerme y estar en la resistencia. Los actores tenemos que poner la humanidad sobre el escenario y salvarnos”. (Ulises Dumont)


Fue el teatro su ámbito natural de formación desde que en 1958 y junto a un grupo de amigos del barrio porteño de Núñez (en el que también estaba Luis Brandoni) formó un elenco dentro de un club y debutó con la pieza "Futuro imperfecto".
"No sé lo que me pasó, pero cuando subí al escenario sentí como un shock. En ese momento me di cuenta que lo único que me interesaba en la vida era ser actor. Tenía 19 años", recordó un cuarto de siglo más tarde en un reportaje.
Más de 80 obras de teatro, otros tantos trabajos en cine, son el enorme aporte que Ulises Dumont, generosamente, dándose por entero, le entregó a la cultura nacional. Un duende muy porteño, amante de la buena cocina y de la pesca y ante todo de la vida, este señor del escenario fue auténticamente fiel a él mismo. Recibió una veintena de premios nacionales e internacionales y la admiración y el afecto de compañeros y compañeras de trabajo que compartieron la vida artística. 

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